La kiosquera

August 24, 2016

 

Allí, arriba, en lo alto de mi calle trabaja la quiosquera.

Abre de madrugada y cierra al anochecer, se pasa el día en el quiosco y trabaja tanto si llueve, haga sol, frío o calor. A veces la he visto sola y otras con su hijo de unos diez años quien la ayuda siempre que sale de la escuela, estudia, hace deberes y hace vida en el quiosco con su madre. A veces, obligado por ella cruza la calle para irse a jugar al parque de enfrente. Cuando paso a comprar algo, observo su piel morena, lisa y tersa, curtida por el sol desde el inicio de su vida, la luz del sol la adora. Siempre mantiene el moreno en su piel y ni tan siquiera el mismo invierno logra aclararla. Posee un rostro de facciones salvajes como una bella indígena guerrera, su mirada es triste pero tierna a la vez, entonces en mi imaginación, le construyo un pasado, su historia:

"De pequeña siempre fue una niña feliz, sus padres le dieron una educación estricta pero cariñosa y pronto empezó a cuidar de sus hermanos pequeños. Vivían humildemente y así aprendió a valorar lo poco que tenía, le daba tanto valor que se creía rica.
Creció y maduró en todos los sentidos y muy pronto se convirtió en mujer. A los chicos los enamoraba con facilidad y su espíritu atrevido, vivaracho y aventurero la llevó pronto a perder la virginidad. Así que a los quince años quedó encinta y fue madre a los dieciséis.

Se casó pues con el padre del bebé.

Demasiada presión para unos padres tan jóvenes. Ambos dejaron de estudiar, ella para criar al pequeño y él para buscarse un trabajo y mantener a su família.

El dinero escaseaba en el barrio marginal donde vivían, además de la pobreza del país. Empezaron a discutir a menudo, los familiares ayudaban como podían pero no era suficiente. El joven padre se sentía culpable y se refugió en una espiral de drogas y alcohol y fue entonces cuando empezó a descontrolar. Un día al llegar a casa completamente borracho discutieron durante largo rato, el padre perdió el control y levantó la mano a su mujer y a su hijo. Creyéndoles los culpables de su propia pena decidió matarlos. En defensa propia ella lo mató antes.
Tras el incidente se la llevaron presa y estuvo entre rejas durante unos años hasta que la consideraron inocente.
En cuanto pudo, lo primero que hizo fue escapar del país y de su propio pasado para empezar una nueva vida.
Trabajó en lo que encontró: repartiendo publicidad, cuidando de niños y ancianos, de cajera... Tenía mil y un trabajos de lunes a domingo. Encontró una habitación en un piso compartido y allí vivió hasta que consiguió ahorrar y ahorrar sin malgastar ni un solo céntimo, sólo lo gastaba para enviar dinero a sus padres para que a ellos y a su hijo no les faltara de nada.

Unos años después compró el quiosco y así nació su propio negocio, con el tiempo pudo traer al fin a su hijo y empezar una nueva vida juntos."

Ahora a la quiosquera no le gustan los hombres, sólo las mujeres. Cuando una mujer le gusta la mira sin disimulo, los ojos le brillan, su rostro y sus labios se ruborizan y se arrebolan sus mejillas, se vuelve muy hermosa. Su espíritu sexual, atrevido e instintivo aflora por los poros de su piel.

Ahora la quiosquera sonríe. Cuando su semblante está serio hace adivinar un pasado duro y violento, en cambio, su mirada un futuro feliz y prometedor.

 

 

 

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